Vietnam, un dragón rojo que se mueve a todo ritmo

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Vietnam, un dragón rojo que se mueve a todo ritmo
28
AGO. 2019

La ciudad de Ho Chi Minh es la metrópoli más vertiginosa y de mayor actividad económica de Vietnam. Ubicada al lado del rio Saigón, está llena de vitalidad que, en poco tiempo, se convertirá en una de las urbes más emblemáticas de Asia. Una metrópoli que no deja indiferente a nadie y mira al futuro con sus siete millones de motos y sus casi diez de habitantes. Un destino en continuo movimiento, con mucho ruido y atascos, pero también con un inmenso patrimonio, tiendas de última moda y un enjambre de rascacielos en construcción. Pero Ho Chi Minh también es patear sus calles repletas de vendedores callejeros y recorrer su romántico barrio francés lleno de bulevares arbolados, como la Avenida Nguyen Hue, la antigua oficina de Correos diseñada por Gustave Eiffel, el Teatro de la Ópera, el Antiguo Ayuntamiento y la Catedral de Notre Dame. Una opción interesante es acercarse a los túneles de Cu Chi y Ben Dinh que hicieron los Vietcong para defenderse de los bombardeos americanos.

Para ir hasta Hanoi, lo más cómodo es coger un avión. Dos ciudades de un mismo país, aunque con algunas diferencias. Esta última, a primera vista, es más apacible que su hermana del sur. Asentada sobre el río Rojo, tiene en sus parques y lagos, una de sus señas de identidad. Pasear por su barrio antiguo resulta una delicia, disfrutando de sus calles gremiales, cada una dedicada a oficios distintos y de sus casas que tienen la particularidad de sus estrechas fachadas, debido a los impuestos que se pagan en función de la anchura de la misma.

La mejor forma de verlo todo es dar una vuelta con los «rickshaw», un triciclo con dos asientos que, por un módico precio, recorren todo el centro histórico, teniendo el visitante una perspectiva diferente tanto de los monumentos como de la vida en la calle que hacen los locales: gente sentada en cuclillas o en mini asientos, comiendo o descansando; vendedores ambulantes, sosteniendo dos grandes canastas en las que que transportan cualquier mercancía; motocicletas y bicicletas, con sus conductores con mascarilla por los efectos de la contaminación; bocinas que pitan continuamente; y el aroma de las comidas. Todo un maremágnum que sorprende al viajero que no haya estado nunca por esos lares. Pero además, Hanoi destaca por su lago Hoan Kiem, que se adorna con la pequeña isla del templo de Ngoc Son, el más visitado junto al dedicado a la Literatura, donde se fundó la primera universidad del país. La pagoda del Pilar Único, hecha en madera sobre una sola columna de piedra, y el Mausoleo de Ho Chi Minh, lugar de peregrinación para los vietnamitas, son sólo algunos de los lugares que no hay que perderse, al igual que el barrio francés, con menos proyección que el de Saigón, pero con algún edificio interesante, como la Ópera.

A poco más de dos horas de carretera, se localiza uno de los destinos más visitados del país. La Bahía de Halong, patrimonio de la Humanidad, parece el decorado mágico de cualquier película, con sus pequeños islotes de altas rocas de piedra caliza, algunas grutas escondidas y otras playas de ensueño. La mejor forma de conocerlas es pasar, como mínimo, una noche en los barcos que navegan por la bahía. En la visita también se verán algunos pueblos flotantes, cuyos habitantes son casi todos pescadores.

En el centro del país, Hoi An, posiblemente, sea la localidad más seductora y pintoresca de Vietnam. Enclavada en la desembocadura del río Thu Bon, fue un próspero puerto comercial, pero afortunadamente el río se encenagó a finales del siglo XIX, dejando pasar solamente barcos pequeños, lo que hizo que la urbe se conserve tal y como era hace siglos. Petrificada en tiempos pretéritos, ofrece un decorado perfecto, con casas pintadas de color mostaza, pagodas y un mercado a la vera del cauce. Durante muchos siglos, fue destino de comerciantes, tanto chinos como japoneses, lo que influyó en su gastronomía y en sus construcciones. La ciudad antigua conserva numerosos edificios, como la casa de la Asamblea china Thien Hau o la sala de Congregación china de cantón Quan Cong. También, se conserva el Puente Japonés. Esta travesía arqueada y cubierta, construida en el siglo XVI, es precisamente el icono de la ciudad. Cientos de visitantes se acercan a ella al atardecer para hacerse la típica foto que, sin duda, será un buen recuerdo. Al anochecer, en la calle Bach Dang, paralela al río, se llena de gente para disfrutar de una explosión de colores gracias a los farolillos de las numerosas barcas, que dan paseos a lo largo del mismo. El receptivo vietnamita Tam Travel es una agencia perfecta para que te organicen todo el recorrido en Vietnam. Llevan años de experiencia con el mercado nacional y con guías en español.

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FUENTE: larazon.es
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